¿QUÉ FUE DE LAS ALHAJAS DE LA VIRGEN DE LA HOZ?.

NO PARECE QUE TODAS LAS ALHAJAS QUE ESTABAN EN EL CAMARIN DE LA VIRGEN SEAN LAS QUE APARECEN EN EL INVENTARIO TRAS LA EXCLAUSTRACIÓN EN 1835.

Pedro Hernando Arranz. Madrid, 9 de Noviembre de 2021

Ya hemos dicho en entradas anteriores que el convento de Nuestra Señora de los Angeles de la Hoz no era un convento al uso, porque se trataba de un Santuario Mariano donde el fervor popular veneraba la imagen de la Virgen en su advocación de La Hoz; este hecho hacía que fuera objeto de numerosos obsequios por parte de los fieles, que cuando pertenecían al estamento noble se traducía en objetos muy valiosos.

Fray Felipe Vazquez, en su libro de 1786 «Historia de Nuestra Señora de los Angeles de la Hoz : chronologia de los tiempos de su duración, y vicisitudes de este Santuario hasta el presente siglo / compuesta por el P. Fr. Felipe Vazquez , sale a luz a expensas de los bienhechores, siendo su camarero el P. Fr. Diego Fernández«, lo recoge con profusión. En la página 309 refiere: «En el año mil quinientos noventa y cinco, según cierto manuscrito (pero no es auténtico y confunde la cronología a cada paso) estuvo aquí el Excelentísimo Señor Duque del Infantado con su Primogénito, a quien esta Señora dio repentina salud, como referiré después; y presentó a esta Divina Imagen una Corona Imperial de oro purísimo de más de ocho onzas de peso, la que ha mandado adornar el devoto Padre Capellán y camarero presente. Otra corona presentó al Divino Niño, y es de plata; pero aunque es inferior en la materia, es muy delicada, y preciosa la estructura: por ser esta corona grande se reserva para otra Imagen de la Santísima Virgen, que es como Vicaria de la que está en el Altar mayor  en las festividades de sus Mysterios.

La Condesa de Montijo a principios del XVIII visitó muchas veces el convento desde su Villa de Fuentidueña y, (pag 310-311) «Hizo a Hijo y Madre un rico vestido de tisú, y puso al cuello de la Señora una joya de oro, que hoy día tiene al pecho, y está apreciada en cien doblones; y juzgo que es mucho más su valor…; es de perlas grandes, y finas con muchos exquisitos diamantes, la misma que su dignísimo Esposo la entregó el día de sus desposorios«.

Visitas de los Obispos de Segovia….El Excelentísimo Señor . D. Fr. Fernando de Guzmán (m. 1698) la puso el Pectoral, que es de piedras blancas, grandes y finísimas. El Ecmo. Sr. Guadalupe presentó cuatro joyas esmaltadas: y no se puede asegurar si es de más precio el oro, que es la caxa, o las Imágenes de diestro pincel que encierran.

Pag. 370: «…se despoxó (el Duque del Infantado) de todas las joyas de oro….hizo fabricar una corona imperial, la cual ciñe las sienes de esta Augustísima Emperatriz. …hizo labrar otra de plata embutidas varias piedras preciosas que la adornan, y la envió para el Niño de esta Señora». Es mu grande…y se muestra por singular a los devotos huéspedes y peregrinos que visitan este Santuari

Pag 380. En 1633: «Mandó el agradecido Señor (Conde de Lodosa y Castilnovo, Juan Hurtado de Velasco y Aragón) hacer una media luna de plata para adorno de los piés de esta Sagrada Imagen«.

En Libro de Gasto de Maravedís se lee que en 1825 se hizo un pago de una cantidad muy importante, 10.544 reales «…para recobrar la Plata que se llevaron los herederos del hermano Síndico…». El Síndico era una persona externa, seglar encargado de administrar los bienes del convento; una disposición de las constituciones franciscanas con el objetivo de hacer manifiesto el desapego de los bienes materiales que prescribía el voto de pobreza. Había ocurrido que en su momento el Síndico había socorrido al convento de su propio peculio y los frailes, incapaces de pagar la deuda que tenían con sus herederos tras su fallecimiento, habían tenido que entregarles joyas que adornaban la imagen de la Virgen y que posteriormente recuperaron con el pago de los 10.544 reales.

Pues bien, tras las referencias a las joyas y objetos de valor que fray Felipe Vazquez hace de lo que sería una parte del «tesoro» de la Virgen de la Hoz y compararlas con lo que en la entrada anterior en esta web transcribí del inventario total del camarín de la Virgen tras el cierre del convento en agosto de 1835, es sencillo deducir que parte de las joyas y objeto de valor se hicieron desaparecer por parte de los frailes, conocedores con anticipación de que el convento iba a ser clausurado. Esto había sido frecuente en los procesos de cierre de los conventos y la razón es el que pudieran utilizarse mediante su venta, como medio de subsistencia de los frailes expulsados de sus conventos; o también para esconderlos en lugares secretos con la esperanza de un más o menos pronto cambio político que permitiera volver a habitar los conventos.

En el Archivo Histórico Nacional encontré dos referencias a las alhajas del convento de la Hoz; primera en el libro de actas de la La Junta Superior de enajenación de edificios y efectos de los conventos suprimidos, hacia 1840: «Informe pedido por el Ministerio de Hacienda con fecha 22 de febrero último a esta Dirección relativo a las alhajas que pertenecieron al convento de Nuestra señora de la Hoz extramuros de la Villa de Cuéllar las que condujo a ésta el comisionado principal de Segovia y fueron depositadas en la tesorería de rentas de esta corte. Hágase presente al Ministerio que dichas alhajas estimadas por de un mérito artístico extraordinario no se las encontró ninguno, así como la sortija otro que troquecillo que se suponía de diamantes y es de piedra de Francia de ningún valor por lo que es de parecer la Junta, procede pasarse a la Casa de Moneda de esta Corte para que se acuñen como propone el superintendente de esta Casa Nacional en oficio al Ministerio de 20 del expresado febrero«.

La segunda de la que no guardo referencia es la nota de gastos correspondiente al traslado de «un candelero» desde el convento de la Hoz al Ministerio de Hacienda de Madrid.

Josefina Bello ha estudiado muy bien y recogido en su libro «Frailes, intendentes y políticos: los Bienes Nacionales 1835-1850 (1997), todo el proceso de recogida, administración y venta de bienes nacionales desamortizados y refiere las muchas incidencias habidas con las alhajas pertenecientes a monasterios y conventos.

Hace ya un tiempo escuché una historia sobre ocultación de alhajas: al parecer previamente a la exclaustración en 1835, los monjes del monasterio cisterciense de la Oliva en Navarra enterraron en un lugar, cierto número de objetos litúrgicos de valor; pues bien, cuando la vida en el monasterio se restauró a comienzos del siglo XX, los nuevos monjes pudieron rescatarlos con la información secreta transmitida de unos a otros a lo largo de casi un siglo.

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